MOMIFICACIONES

squared heads in crescendo

AS PONTES DE LONDRES #2

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Tower Bridge por Stuart Redler

Londres es una alucinación. La primera vez que estuve llovió una semana sin parar. Mi dieta se componía básicamente de crunch y cerveza. Comía algún toblerone esporádico para introducir frutos secos, tan necesarios, en la cadena alimentaria. Por aquel entonces ya estaba enganchado a la droga dura de la literatura y no me quedó más remedio que atravesar Hyde Park. En diagonal. Bajo el diluvio. Buscando una estatua.

Una tarde descubrí una tienda de discos sin nombre. Tenía cientos de vinilos en cajas de cartón en el suelo y un plato en el que podías probar el género. Al día siguiente, cuando quise regresar a husmear, la tienda ya no estaba. Al séptimo día dejó de llover y el aire fue sustituido por una densa niebla. Tenía olor y textura similares al puré de patatas. En aquellos días viajaba mucho en metro. Si al salir de los andenes te sonabas, los mocos salían negros. Con nostalgia de lluvia, deambulé tras las efímeras huellas de Charles Dickens en Camden Town. Busqué infructuosamente el Reform Club y me detuve junto a un edificio en ruinas. Una placa conmemorativa indicaba que aquel había sido el lugar en donde había caído la primera bomba nazi durante el blitz. Jamás lo he vuelto a encontrar.

Otra tarde erré por Cadogan Place, rastreando los pasos de Oscar Wilde. Para seguir dando satisfacción a mi penosa adicción. Poco después, la pasta que respiraba me hizo confundir London Bridge con Tower Bridge. Luego entré en un templo anglicano con un minúsculo cementerio en el exterior. No se podían leer las fechas de las lápidas. Solo intuirlas. Al salir de la iglesia irrumpí en un Londres fulgurante de furgonetas Bedford azul cobalto y en un pub decorado con escafandras. Torch & Mussel, Porch & Weasel o algo así. Fui al baño y cuando quise volver a acodarme en la barra con mi pinta, equivoqué el camino. Emergí entre dos contenedores en un callejón que olía a cilantro y cardamomo. El firme de la acera era parecido al velcro, blando y adherente. Nunca he vuelto a recuperar aquella pinta.

***

A foto é de Stuart Redler, que pertence a un incrible conxunto de imaxes nocturnas de Londres que non me canso de ollar: inmóbiles, minimalistas, cheas luz e de quietude mais tamén de sombras e de inquedanza.

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Written by Javier

Abril 11, 2011 ás 3:03 pm

Publicado en pontes

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